A cuarenta kilómetros de la capital de Gambia, Banjul, y a menos de 10 kilómetros de la frontera con Senegal, se encuentra la pequeña ciudad costera de  Gunjur, de 14.000 habitantes, que es un centro pesquero importante. Kajabang, uno de los ocho  kabilos (distritos en la ciudad), está asentado sobre la línea costera del Atlántico, salpicado de coloridos botes pesqueros manejados por tripulaciones mixtas de gambianos y senegaleses.  

Allí, en medio de 30 grados de temperatura,  Fatou Jatta puede ahora disfrutar de una caminata hacia la oficina de inmigración, sabiendo que un pozo de perforación que ha sido recientemente cavado le da acceso libre – por primera vez en su vida – a agua limpia, que también usan para limpiar la pesca del día.

Los pozos temporales solían ser la principal fuente de provisión de agua de la comunidad. Foto: OIM/Miko Alazas

“Dependíamos de los pozos”, dice Fatou, “pero se trata de una zona arenosa. Los pozos normalmente se secaban o desplomaban tras una semana de uso, y teníamos que volver a cavar otros”.  

Lamin Keita, miembro del Comité de Desarrollo de la Aldea  (VDC), recuerda el desafío anterior. “Para contar con agua para beber, lavar y limpiar, algunos miembros de la comunidad debían caminar algunos kilómetros, hasta un pozo  en una localidad cercana”.   

El acceso a agua limpia se convirtió en un problema aún más grave cuando estalló la pandemia de COVID-19. “Recibimos apoyo de parte de algunas organizaciones para colocar baldes para el lavado de manos”, dice Fatou. Sin embargo, era necesario volver a llenar los baldes con agua limpia, y cuando una comunidad tiene ya acceso limitado a agua para las necesidades básicas, el lavado de manos pasa a un segundo plano.  

Lamin Keita recuerda que los miembros de la comunidad debían caminar hasta el pueblo vecino para poder tener acceso a agua limpia. Foto: OIM/Miko Alazas

En apoyo del plan nacional de respuesta a la  COVID-19 y con apoyo financiero de la Secretaría de Estado para la Migración de Suiza, la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) cavó pozos en cuatro comunidades a lo largo de la frontera entre Gambia y Senegal. Además de Gunjur en la Región Costera Occidental, se cavaron pozos en  Fatoto, Región del Río Superior, y en Misera y Tabanding, Región del Río Central. 

La iniciativa tuvo como objetivo fortalecer el acceso a los servicios básicos en las comunidades con alto movimiento transfronterizo y posicionar de mejor manera a estas comunidades para que puedan implementar medidas de prevención de la COVID-19. 

“Alejadas de la zonas urbanas, estas comunidades fronterizas a menudo están rezagadas en lo relacionado con infraestructura para el suministro de agua potable”, dice Simeonette De Asis, Oficial de Salud y Migración de la OIM en  Gambia. “Tienen una larga historia de movimiento y comercio informal transfronterizo, lo cual a menudo las coloca en un riesgo mayor de transmisión. Esto implica la  necesidad imperiosa de mejorar la sanidad para mitigar la diseminación del virus”.  

Los beneficios de un nuevo pozo de perforación ya son sentidos por los residentes de  Kajabang en Gunjur. Además de hacer que el lavado de manos se vuelva más sencillo, el agua limpia ha sido vital para dar inicio a la recuperación socioeconómica de la pandemia por parte de la comunidad. 

El nuevo pozo de perforación ha tenido un rol muy significativo en cuanto a mejorar el saneamiento y la higiene de la comunidad. Foto: OIM/Miko Alazas

“El cierre de los mercados realmente ha afectado nuestros negocios”, dice  Fatou, recordando las restricciones durante el pico de la pandemia. Con los mercados reabiertos, las comunidades pesqueras cercanas a la capital se vieron beneficiadas con un mejor acceso a agua potable. El nuevo pozo de perforación ha permitido que Fatou y otros involucrados en la industria pesquera en  Gunjur puedan limpiar y vender más pescado a un mayor ritmo. Además, el pozo de perforación ha sido sumamente importante para el mantenimiento de la planta de hielo de la comunidad que se usa para preservar el pescado.

Los huertos comunitarios de la ciudad – un complemento clave de la pesca como principal fuente de ingresos – han también retornado a la vida. Con el acceso a agua potable, Fatou y el resto de la comunidad pueden cultivar pimientos, tomates, maíz y otros vegetales de manera más consistente. 

Con acceso más sencillo a agua limpia,  Fatou puede ahora limpiar y vender el pescado con mayor rapidez. Foto: OIM/Miko Alazas

No es que solamente las condiciones de vida de los gambianos han mejorado, sino que también cientos de migrantes que se han incorporado a la comunidad se han visto beneficiados. Los migrantes senegaleses de las cercanías vienen a pescar por temporada, viviendo en Gunjur durante meses en un determinado período. Los migrantes suelen llegar de lugares tan distantes como Guinea y Mali, buscando trabajo, por ejemplo en la construcción de botes.  

Mientras la actividad económica se reanuda en  Gunjur, el pozo de perforación brinda una luz de esperanza para la promoción de alternativas a la migración  irregular. 

“Solíamos ver a muchos jóvenes irse a Mali, a Argelia, a Libia”, dice el funcionario de inmigración Lamin Jatta. Dado que el pozo de perforación hace que varias formas de trabajo sean más sencillas, los residentes esperan que los jóvenes consideren la posibilidad de capitalizar en medios de subsistencia locales en lugar de emprender peligrosos viajes intentando llegar a Europa. 

Un grupo de pescadores gambianos y senegaleses retornan con la pesca del día, mientras se reinicia la actividad económica en  Gunjur. Foto: OIM/Miko Alazas

El sol de la mañana brilla ya con fuerza y Gunjur sigue vibrando con las actividades cotidianas. Con tres contenedores llenos de agua limpia, Fatou regresa caminando para reunirse con las mujeres con las que trabaja, y se preparan para empezar a limpiar la pesca del día.  

En esta pequeña ciudad costera de África Occidental un pozo de perforación sirve de recordatorio de que si bien en muchas partes del mundo se considera el acceso al agua apta para el consumo como un hecho natural, puede ser una verdadera cuerda salvavidas para los que no viven esa realidad.  

Esta historia fue escrita por  Miko Alazas, Oficial de Prensa de Gambia.