Ucrania, 19 de agosto de 2022 – Los trabajadores humanitarios han tenido que acostumbrarse a las crisis en Ucrania. En 2014, el conflicto armado al Este del país provocó una ola de desplazamientos, desarraigando a casi 1,5 millones de personas. Sin embargo, la invasión del 24 de febrero está devastando el país desde hace seis meses y provocando el desplazamiento interno y externo de más de 13 millones de personas y llevando a que el sistema no tuviera más opción que operar a toda máquina. Miles de voluntarios, servicios de emergencia y trabajadores humanitarios se movilizaron y unieron esfuerzos, a pesar de que debían también enfrentar desafíos personales, incluyendo el desplazamiento, las pérdidas de los hogares y la separación de sus seres queridos.  


“Me veo reflejada en los ojos de las personas desplazadas”

En febrero pasado, Yevheniia Kovalenko estaba a cargo de la Oficina de Terreno de la  Organización Internacional para las Migraciones (OIM)  en Sievierodonetsk, Región de Luhansk. La ciudad, que tiene una población de unos 100.000 habitantes, se convirtió en su segundo hogar  en 2016 tras haber escapado del área de la región no controlada por el gobierno. La totalidad del equipo de la OIM en Sievierodonetsk se vio desplazada. Lograron comenzar de nuevo, encontraron alojamiento, pudieron enviar a los niños y niñas a la escuela y asistir a las personas afectadas por el conflicto a través de los numerosos proyectos de la OIM.

Yevheniia lidera el Centro Regional de la OIM en  Ivano-Frankivsk, Ucrania. Foto: OIM/Iryna Tymchyshyn

“A pesar del conflicto en curso en la zona Este de Ucrania, los residentes de Sievierodonetsk trataron de encontrar estabilidad en sus vidas cotidianas, aceptando lo que ocurría como una nueva normalidad. Nuestro trabajo desde la  OIM tenía como objetivo  apoyar la recuperación económica inmediata, y empoderar a todas las personas afectadas. El 24 de febrero, el frágil estado de paz colapsó nuevamente, llevándose consigo años de progreso humanitario y de desarrollo”, recuerda Yevheniia. Sievierodonetsk ha sido ocupada ahora por la Federación Rusa tras intensos enfrentamientos que destruyeron casi el 80% de las viviendas de civiles, incluyendo las de los trabajadores humanitarios. 

La destrucción de la infraestructura civil en la Región de  Luhansk, Ucrania. Foto: The State Emergency Service of Ukraine

En febrero, el equipo de  Yevheniia se reubicó en la zona occidental de Ucrania y restableció la presencia operativa de la OIM desde cero en la ciudad de  Ivano-Frankivsk. En los primeros caóticos días de la guerra, cuando la ciudad estaba llena de personas que escapaban de los enfrentamientos, algunos de los miembros del personal tuvieron que vivir en los centros colectivos para personas desplazadas puesto que era imposible encontrar de inmediato algún otro lugar en el cual quedarse. 

Las prioridades principales de Yevheniia eran encontrar alojamiento para los colegas, ya que muchos de ellos se habían ido con las familias y sus hijos, y dar el puntapié inicial a la respuesta local de la OIM mientras la crisis sin precedentes comenzaba a desarrollarse.

Se distribuyen kits de higiene en los centros colectivos para personas desplazadas internamente en la Región de  Ivano-Frankivisk, Ucrania. Foto: OIM/Iryna Tymchyshyn

“Al haber sido desplazados en dos oportunidades, comprendemos mejor que cualquier otra persona la situación de millones de ucranianos. Cuando nos encontramos con personas desplazadas, yo puedo ver en los ojos de estas personas, mi versión 2014. En aquel momento, yo era una madre con un hijo pequeño, y no tenía la fortaleza para enfrentar la guerra. Ahora, me siento mucho más empoderada pues conozco la manera de actuar y de ayudar al resto. Estamos lidiando con necesidades a mayor escala, pero sin duda alguna nuestra comprensión del problema ha también mejorado”, señala Yevheniia, quien ahora está liderando el centro regional de la OIM junto a 13 miembros nacionales e internacionales del personal que ofrecen respuesta a las necesidades de los ucranianos desplazados que están alojados en esta zona.

Una de las preocupaciones principales de la OIM es el mejoramiento de las condiciones de vida de las personas desplazadas que se están quedando en los centros colectivos en los que hasta una cantidad de 100 personas deben compartir a veces una única habitación. En la Región de Ivano-Frankivsk cerca de 4.500 personas se alojan en los mencionados centros. En estas instalaciones, la OIM brinda asistencia que incluye electrodomésticos, frazadas y kits individuales de higiene, además de realizar reparaciones básicas que pudieran necesitarse.  

Un centro de alojamiento colectivo para personas desplazadas internamente en el gimnasio de una escuela local. Foto: OIM /Iryna Tymchyshyn

“Las condiciones en las cuales las personas viven están lejos de ser las normales. Yo veo cómo nuestra labor realmente marca una diferencia. Mientras nos enfocamos en la respuesta de emergencia, estamos comenzando a pensar en el trabajo de recuperación puesto que muchas personas desplazadas no tienen ningún lugar al cual regresar y necesitarán reconstruir su vida nuevamente. Tal como ya lo hemos hecho en dos oportunidades”.


“Cuando todo el mundo estaba en estado de pánico, nos convertimos en un verdadero pilar  para esas personas”

La velocidad, la continuidad y la escala de la respuesta humanitaria de la OIM en Ucrania fueron posibles no solamente gracias a los esfuerzos de sus trabajadores humanitarios sino también de una red de 50 organizaciones asociadas de la sociedad civil local que operan en terreno. Para el abordaje de las necesidades cada vez mayores, la mayor parte de esas organizaciones han cambiado el foco de sus operaciones en un abrir y cerrar de ojos y ahora lo han puesto en la provisión de asistencia humanitaria.

Un par de semanas después de la invasión de Ucrania, la primera parte de la asistencia provista por la OIM – kits de higiene y para bebés, colchones, lámparas solares, bolsas de dormir, y sets de cocina – llegó a Zaporizhzhia en la zona sudeste de Ucrania. Estos últimos días, Zaporizhzhia ha sido foco de la atención ya que es el sitio de la planta de energía nuclear más grande de Europa y como objetivo de las actividades militares que, según el Secretario General de la ONU, podrían tener consecuencias catastróficas no solo para el entorno cercano, sino para la región y más allá de ella.

Las regiones Este y Sur de Ucrania, muy afectadas por el conflicto, siguen necesitando asistencia inmediata. Foto: ONG  Posmishka UA

“Antes del 24 de febrero, nunca nos habíamos ocupado de una respuesta humanitaria. Nunca habíamos entregado alimentos o kits de higiene. Se trataba de un nuevo desafío para nosotros. Hemos crecido, pasando de entregar 120 kits a diario a entregar entre 20 y 30 toneladas de asistencia”, explica Anna Chernova, encargada de programas en Posmishka UA, fundación benéfica asociada a la OIM, la cual solía poner el foco en la ampliación del sistema de bienestar social del país y en actividades de lucha contra la trata de personas. 

Actualmente, la fundación está trabajando en el centro de logística en  Zaporizhzhia – el nuevo corazón de la ciudad, que recibe a todas las personas recientemente desplazadas al momento de su llegada, la mayor parte de las cuales procede de territorios ocupados temporalmente en esa zona, y también de las regiones de Kherson y Donetsk. Las autoridades, los servicios sociales y las organizaciones de la sociedad civil trabajan estrechamente aquí de modo tal que las personas puedan acceder a toda la asistencia disponible: desde información acerca de la reanudación de la educación para los menores hasta la posibilidad de alojarse en centros colectivos y recibir kits de higiene familiar. Enfrente del centro, Posmishka UA ha instalado una cocina de terreno la cual se encarga de ofrecerles un plato de comida caliente a las personas. 

Personas afuera del centro de logística en  Zaporizhzhia esperando recibir asistencia. Foto: ONG Posmishka UA

Las poblaciones desplazadas en Ucrania reciben artículos no alimentarios de parte de la OIM. Foto: ONG Posmishka UA

Las personas que llegan aquí han tenido que atravesar más de 20 puestos de control de a pie para poder cruzar la primera línea, escapando de los bombardeos y del derramamiento de sangre. Los trabajadores humanitarios aquí ayudan a las personas desplazadas y residentes locales vulnerables, además de las personas que deciden regresar a sus hogares en los territorios temporalmente ocupados, dándoles lo necesario para paliar sus necesidades básicas a lo largo de esa ruta tan difícil.

“Las personas que llegan a Zaporizhzhia no esperan recibir ninguna ayuda. No creen que alguien pueda estar esperándolos aquí de modo que se sienten verdaderamente conmovidas por nuestro apoyo”, recuerda Anna.

El equipo dice que las necesidades de las personas en Ucrania en los últimos meses han sido las mismas, pero han ido aumentando. La tasa de desempleo cada vez más alta lleva a complicaciones en la tarea de cubrir las necesidades básicas de alimentos, productos de higiene, lámparas solares, colchones y medicamentos.

La distribución de la asistencia brindada por la OIM en  Zaporizhzhia comenzó solamente semanas después de la invasión a gran escala. Foto: ONG Posmishka UA

“Nuestro centro podía recibir hasta 3.000 personas a diario cuando los corredores verdes estaban funcionando”, dice el equipo que también ayuda a los evacuados civiles. En mayo, la ciudad se convirtió en el punto final de la ruta de evacuación organizada por las Naciones Unidas para los civiles que se ocultaban en los bunkers de la Planta de Azovstal en Mariupol. En Zaporizhzhia, todas estas personas que vivieron un infierno en la tierra fueron recibidas con gran calidez por parte de los voluntarios y de las organizaciones internacionales, quienes les brindaron agua, alimentos y apoyo psicosocial.

Personas que fueron evacuadas de la planta de acero de  Azovstal en un operativo que duró cinco días. Foto:  OCHA/Kateryna Klochko

“Las personas han perdido la fe  – y eso es lo que anhelamos recuperar”

A pesar de todos los desafíos, el equipo de  Posmishka UA en Zaporizhzhia ha crecido mucho, siempre fiel al principio de que hay que tener presencia y ayudar. Hay 65 voluntarios – locales y personas desplazadas internamente – que trabajan en la fundación de manera permanente. Ayudan a descargar, clasificar, y distribuir la asistencia humanitaria. Los voluntarios y voluntarias son una bendición para las organizaciones públicas en Ucrania, las cuales usualmente no tienen fondos suficientes como para poder desarrollar sus capacidades operativas. Para Posmishka UA, que trabaja cerca del frente de combate, contar con estar personas tan valientes representa un capital humano fundamental. 

Los voluntarios en el centro de logística ayudan a las personas que acaban de llegar. Foto: ONG/Posmishka UA

Anna es una de las voluntarias que trabajan en la cocina móvil de terreno de  Posmishka UA. Su guerra comenzó en 2014. Ella tuvo que salvar a sus hijos en dos oportunidades – la primera vez cuando tuvieron que escapar de Donetsk seis años atrás cuando las hostilidades estallaron en Ucrania Oriental y luego cuando debieron huir de  Enerhodar en la zona sur de Ucrania en la primavera de  2022.

Anna dice que su primera experiencia de desplazamiento fue muy complicada. Las organizaciones de la sociedad civil fueron las únicas que ayudaron  a su familia. Escapando de la guerra por segunda vez, Anna reveló su gran fuerza interior para apoyar a otras personas, de modo que nadie se quedara aislado con sus problemas a cuestas.

Anna y sus dos hijos fueron desplazados en dos oportunidades. Foto: ONG Posmishka UA

Las personas que llegan aquí para acceder a  un plato de comida caliente también reciben otra cosa muy valiosa – un poco de atención y una pizca de positividad de parte de Anna y el resto de los voluntarios, quienes se han convertido realmente en una familia de apoyo.

“¿Por qué estoy aquí? Porque puedo entender aquello que las personas están atravesando. Yo he estado en la misma situación y gracias a eso les puedo brindar apoyo emocional, ayudarlos a recuperar la fe en  que el día de mañana traerá algo nuevo además de no dejar de creer en las personas”, dice Anna.

Escrito por  Iryna Tymchyshyn y Alisa Kyrpychova, OIM Ucrania

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