Bentiu, 8 de octubre de 2021 – Dentro de lo esperable, la vida de Nyakume Thipek Mani era bastante normal. Esta mujer de 45 años vivía con su esposo en Tharkan, una aldea en el Condado de Rubkona, en Sudán del Sur, criando a sus hijos y arando los campos.

Luego la tragedia los sorprendió – como ocurrió con miles de personas que vivían en Sudan del Sur – pues el conflicto estalló en diciembre de 2013, solamente dos años y medios después de que esta joven nación de África Oriental obtuviera su independencia.

A principios de 2014, cuando los enfrentamientos se extendieron a su aldea, la familia de Nyakume fue desarraigada de su hogar, debiendo huir para poder salvar sus vidas.

Se refugiaron en el anterior sitio de Protección de Civiles (PoC) de las Naciones Unidas en Bentiu, que ahora es un campamento para personas desplazadas internamente (IDP).

Afortunadamente Nyakume y su familia pudieron escapar ilesos, o al menos sin daños físicos.

Con el transcurrir de los meses, tras su llegada a Bentiu, algo comenzó a cambiar en Nyakume. Había vivenciado un montón de cosas que la mayor parte de nosotros solamente vemos en el cine.

“Mis vecinos en el pueblo no fueron tan afortunados como nosotros. Los asesinaron”, dice Nyakume, cuya talla pequeña la hace ver más joven de lo que realmente es. “Vi los cadáveres de personas que yo conocía”.

Nyakume y su hijo más joven Bol Wiyoah Bath.Foto:OIM/Liatile Putsoa 

El hijo más joven de Nyakume, Bol Wiyoah Bath, dice que su madre comenzó a comportarse de manera extraña. “Se veía como mi madre, pero se comportaba como alguien con quien nunca me había encontrado”.

Los extraños episodios le ocurrían a Nyakume esporádicamente.

Su familia la llevó a un curandero tradicional pero no tuvo mejoría alguna. Y en 2020, su condición se deterioró aún más.

Padecía alucinaciones, pasaba por períodos de desórdenes del habla y tenía dificultad para conciliar el sueño y pesadillas porque era constantemente perseguida por las imágenes de sus vecinos.

“Tenía mucho miedo por lo que me ocurría”, dice Nyakume. “Sentía que mi mente ya no me pertenecía”.

Un movilizador comunitario que trabaja con el equipo de apoyo psicosocial y de salud mental (MHPSS) de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) se enteró de lo que le pasaba a Nyakume y la derivó al consejero en MHPSS quien a su vez la derivó a los servicios especializados y de tratamiento en un hospital cercano.

El consejero le brindó a Nyakume asesoramiento para manejar el estrés y psicoeducación para aprender a lidiar con la situación. El consejero también supervisó y se aseguró de que Nyakume tomara la medicación de acuerdo con las instrucciones que le habían dado en el hospital.

La OIM brinda servicios de MHPSS y apoyo de pares en las comunidades de acogida y en campamentos de personas desplazadas en todo Sudán del Sur, para ayudar a proteger y promover la salud mental y el bienestar psicosocial de las comunidades. El equipo de MHPSS también organiza actividades recreativas y de aprendizaje no formal, incluyendo conjuntos de capacidades que apuntan a actividades generadoras de ingresos a pequeña escala.

“Nyakume logró progresos positivos con el tratamiento especializado y el apoyo psicosocial que la OIM le brindó”, dijo Peter Luoy Ruei, Asesor en la OIM del ámbito de la MHPSS.

“Me ayudaron a retornar a la realidad”, dice Nyakume.

Actualmente Nyakume se está preparando para la ceremonia tradicional de casamiento de su hijo mayor, Both Wiyoah Bath. Las preparaciones para la boda se vieron interrumpidas cuando la familia de la novia impidió el matrimonio con el hijo de Nyakume, diciendo que el motivo era la “condición de la mujer”, lo cual pone de manifiesto el estigma que aún prevalece en torno a la cuestión de la salud mental en Sudán del Sur.

Los equipos de la OIM que ofrecen apoyo psicosocial y de salud mental llevan adelante campañas de concientización para eliminar el estigma de tener que vivir con una condición de salud mental.

“Queremos que las personas a las cuales les brindamos servicios sepan que las enfermedades mentales, como cualquier otra enfermedad, tienen tratamiento. Queremos que las personas se sientan cómodas al recurrir a nuestros servicios para que podamos ayudarlas o bien derivarlas a nuestros asociados para que reciban otros tratamientos”, dice Nino Shushania, Encargado del Programa de Acción en materia de MHPSS de la OIM.

Nyakume dice que ahora ella puede mirar hacia atrás y reírse de su “situación” del pasado. Dice que ella no se ríe “de la situación de salud mental en sí sino que ríe de felicidad”.

“Estoy contenta y me río porque estoy dejando atrás ese período de mi vida gracias al apoyo que la OIM me ha brindado”.

Nyakume y el consejero de la OIM en MHPSS Peter Luoy Ruei charlan animadamente. Foto: OIM/Liatile Putsoa 

Mirando a su consejero a quien ella ahora llama su buen amigo, ella le dice en un tono jocoso: “Peter, creo que es necesario que yo y mi familia te demos un par de vacas para agradecerte por todo”.

Las actividades de la Unidad de Apoyo Psicosocial y de Salud Mental de la OIM son financiadas por la Oficina de Asistencia Humanitaria (BHA) de USAID, la Dirección General de Protección Civil y Operaciones de Ayuda Humanitaria Europeas (ECHO) de la Unión Europea, y el Ministerio de Relaciones Exteriores del Commonwealth y de Desarrollo (FCDO).

Esta historia fue escrita por Liatile Putsoa, Oficial de Prensa, Sudán del Sur, Correo electrónico: lputsoa@iom.int