Área afectada por incendios, Región 2 de Valparaíso. Foto: OIM Chile/Francisca Salinas

Chile – El sábado 10 de febrero cuando las brasas de miles de casas devoradas por los fatales incendios forestales en la región de Valparaíso, Chile, seguían ardiendo, un grupo de 30 venezolanos impulsados por la solidaridad llegaban a El Olivar, un vecindario consumido por las llamas en las afueras de Viña del Mar.  

Este grupo compuesto en su gran mayoría por personas migrantes viajó 120 kilómetros desde Santiago, la capital de Chile, para traer donaciones y brindar asistencia a los chilenos que lo habían perdido todo. Transportaron agua, alimentos, productos para recién nacidos, insumos para la higiene personal y también movilizaron a profesionales como doctores, trabajadores sociales y psicólogos para asistir a los más afectados.

"Nosotros mismos preparamos todo, pusimos nuestro corazón en esta tarea y estamos aquí para brindar nuestro apoyo”, dijo Raúl Semprún, periodista de Venezuela y fundador de Crónicas de Chile. Crónicas de Chile es uno de los numerosos medios de comunicación que los venezolanos han creado para informar y dar visibilidad a las nuevas comunidades de migrantes en los lugares a los que llegan. El operativo organizado por Raúl es no solamente testimonio de la solidaridad con las personas afectadas de la comunidad sino también una forma de retribución con el país que acogió y que ellos consideran su segundo hogar.

Una enfermera venezolana cuida a la población afectada en la Región 2 de Valparaíso. Foto cortesía de Raúl Semprún

"En tanto migrantes de alguna manera hemos elegido a Chile como nuestro hogar y no nos interesa si una persona es venezolana u otra es haitiana, dominicana o chilena. Sinceramente creemos que todos somos uno y este es nuestro hogar”, explica Raúl. “Ese es el motivo por el cual decimos que vamos a accionar para ayudar a nuestros hermanos y hermanas”.

Una bandera colgada en una de las áreas afectadas por los incendios en la Región 7 de Valparaíso. Foto: OIM Chile/Francisca Salinas

Raúl y su esposa, Marielba González, se mudaron a Chile en 2019 desde Maracaibo, Venezuela. Llegaron por vía terrestre, en un viaje que según sus propias palabras fue impulsado por una situación “complicada y compleja” y si bien han enfrentado dificultades para poder trabajar como periodistas en este país por desafíos en relación a la documentación personal, Chile los recibió con los brazos abiertos.

Optimista, agrega que “más allá de eso nos ha permitido hacer lo que amamos, que es el periodismo, porque es ese amor el que nos permite mostrar el costado positivo de nuestra migración”.

En ese rincón de Viña del Mar, Raúl, Marielba y más de otros 30 venezolanos entregaron las donaciones que fueron aportadas por la comunidad venezolana residente en Santiago. Desde sus vehículos entregaron cajas con alimentos en una tarde muy calurosa cuando la temperatura superaba los 30°C (86°F). 

"Nuestra principal motivación fue simplemente ayudar desde un lugar de empatía, comprendiendo que estas personas habían vivido un momento muy complicado; algunas de ellas habían sufrido la pérdida de un integrante de su familia o de lo que habían estado construyendo”, dice Marielba. “Decidimos poner a disposición de esas personas lo que teníamos a nuestro alcance y estuvimos convencidos de que la comunidad iba a movilizarse de inmediato para ayudar”.

Luna Ramírez, que había estado en Chile por siete años, también se encontraba entre las personas que llegaron a Viña del Mar. "Desde mi arribo pude ver las necesidades de los venezolanos en situación de vulnerabilidad”, cuenta, refiriéndose a la Red de Apoyo Solidario que fundó para brindar asistencia humanitaria a familias vulnerables, con independencia de su nacionalidad. Luna y su Red respondieron a Raúl y al llamado de las otras personas dispuestas a ayudar. 

Donación de alimentos e insumos para la población afectada en El Olivar, Región 5 de Valparaíso. Foto: OIM Chile/Francisca Salinas

"Tenemos la posibilidad y el privilegio de ayudar a todas las comunidades”, dijo Luna mientras acomodaba las raciones de alimentos listos para consumir. “La solidaridad no tiene banderas, de modo que vinimos a ayudar a los chilenos, a tenderles nuestra mano a quienes alguna vez nos la tendieron a nosotros, ya que le estamos muy agradecidos a este país”, agregó.

Para Sebastián Jiménez, quien supervisa el Centro de Acopio de la Municipalidad de Quilpué, el apoyo de las comunidades de migrantes ha sido fundamental. "Han sido sumamente importantes, llegaron en el momento más complicado de la emergencia”.    

Un haitiano reconstruye la esperanza  

Los sectores de Pompeya Sur, Pompeya Norte y Población Argentina en Quilpué, Valparaíso, fueron algunos de los más afectados por los incendios. Michnayder Pierre, migrante de Haití, por medio de su empresa constructora brindó apoyo a quienes habían perdido sus hogares.    

Michnayder ayudando con la reconstrucción en Población Pompeya Sur, Región 4 de Valparaíso. Foto: OIM Chile/Felipe Carreño

Motivado por su hija, Michnayder se dedicó a reconstruir casas y a darle “la llave” de un nuevo hogar a quien pudiera necesitarlo, además de quitar los escombros para limpiar los sitios.

"Eso me da mucha felicidad, ayudar a las personas; migrantes, chilenos, gente de cualquier nacionalidad, cualquiera con alguna necesidad”, dice. 

Michnayder pone de relieve que, con independencia del lugar de origen de la persona, el apoyo que él ha brindado por medio de su empresa constructora aspira a ayudar a cualquier persona afectada por los incendios, enfatizando que él ya se siente chileno y por ese motivo está más que dispuesto a dar una mano. También señala que la empresa que fundó hace cuatro años junto a su familia ahora ha crecido mucho y está compuesta por trabajadores chilenos, haitianos y venezolanos.  

“Panas” que ayudan a los “compadres” 

La noticia de los incendios dominó los medios de comunicación la última semana de enero. El sábado por la mañana, el venezolano José Miguel Montilla se despertó con una idea. "Al tiro", como dicen en Chile (que en líneas generales suele traducirse como “hagámoslo”), le dijo a su socio, Wilmary Mendoza y a su grupo de amigos (panas, como se los llama coloquialmente en Venezuela). Sus amigos y su socio respondieron con un “sí” unánime cuando les contó su idea – empezar con una campaña solidaria de  recolección para ayudar a las personas afectadas por los incendios.    

José Miguel y Wilmary reciben donaciones en la Región Metropolitana 3. Foto: OIM Chile/Francisca Salinas

Desde ese momento en adelante, José Miguel, Arianny, Wilmary, Manuel, Yoselin, Douglas, Isabel, Pedro y María Gracia empezaron a organizarse con la ayuda de Gonzalo, un migrante de Argentina que les proveyó una habitación en el centro de Santiago para depositar allí las donaciones. En menos de una semana lograron juntar más de tres toneladas de agua, alimentos para perros y gatos, ropa, dos toneladas de alimentos y tres camiones que transportaron todo desde Santiago al sector de Monte Sinaí, un campamento en el borde de un barranco en Viña del Mar.

José Miguel dice que desde su infancia en Barquisimeto, la ciudad venezolana en la que nació, su padrastro le inculcó la idea de ayudar a cualquier persona que lo necesitara. “No me gusta ver mal a las personas, si puedo, las ayudaré. Y haber visto a toda esa gente y a esos niños que lo habían perdido todo fue verdaderamente impactante”.

"No pensamos que fuéramos a cubrir tanto y ese mismo día había ya gente que nos estaba apoyando con la logística. El domingo a las diez de la mañana nos trajeron la primera contribución”, recuerda José Miguel. Mientras tanto el "Grupo de Panas" también fue a buscar ayuda, viajando a comunidades remotas como La Florida, Macul, Lampa, Pudahuel, Estación Central o Quinta Normal para recoger insumos de personas que no pudieron viajar al centro de la capital para hacer sus donaciones.    

Para Wilmary estas acciones responden a la empatía y al apoyo mutuo entre las personas, con independencia de su nacionalidad: “Me golpeó duro en el corazón; yo soy madre y ver o pensar que este incendio afectó a muchos niños y niñas, madres, padres, abuelos… Con la mano en el corazón debemos ayudar a todos quienes lo necesiten y que seguirán teniendo necesidades en el futuro”, dice, agregando que: “Muchos amigos chilenos me ayudaron cuando llegué a Chile; una mano ayuda a la otra”.

Esta historia fue escrita por Francisca Salinas Fernández, OIM Chile  

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