Ka'atymi, 28 de Octubre de 2022 – “La deforestación nos afecta mucho. Últimamente, tenemos largos periodos de sequías y luego fuertes lluvias y vientos que causan daños en los cultivos”, lamenta Gloria Sosa, una destacada lideresa indígena de la comunidad Ka’atymi, a unos 300 kilómetros al este de Asunción, la capital de Paraguay.

Gloria es esposa y madre de siete hijos. Además, es una reconocida líder social que busca incansablemente mejorar las condiciones de vida de su comunidad. Para ella, la deforestación masiva de los bosques es el principal problema que Ka’atymi enfrenta, el cual a su vez provoca otros incidentes climáticos severos que destruyen los pequeños cultivos.

Hace seis años, un fuerte vendaval arrasó con los cultivos de mandioca de Gloria, y las pérdidas registradas fueron cuantiosas. Este tipo de desastre hace que muchas personas emigren hacia otras partes del país, principalmente hacia las ciudades, en busca de una mejor calidad de vida. Gloria teme que esto amenace el desarrollo de la comunidad, así como su permanencia en el tiempo.

La deforestación ha causado la degradación del suelo en la comunidad Ka'atymi, con posibles impactos en la seguridad alimentaria. Foto: OIM

Los eventos extremos, como sequías, inundaciones y heladas afectan al rendimiento de los cultivos, lo que pone en peligro los medios de vida de las familias campesinas en las zonas rurales del país. Esta problemática afecta especialmente a las comunidades indígenas, como la de Gloria, cuya supervivencia en muchas ocasiones depende de pequeños cultivos. Según la entidad nacional de estadísticas de Paraguay, dos tercios de la población indígena del país se encuentra en situación de pobreza y el 34 por ciento está en situación de pobreza extrema.

Fundada hace 35 años, la comunidad de Ka’atymi está compuesta actualmente por 64 familias indígenas, con un promedio de diez integrantes cada una, pertenecientes a los pueblos Mbya guaraní. El principal medio de sustento de la comunidad es el changa’i, una expresión coloquial del idioma guaraní que hace referencia a trabajos de pago diario y ocasionales, el cual llevan a cabo en extensas plantaciones de granos en la zona.

La chacra de Gloria ha sufrido el impacto de incidentes relacionados con el cambio climático. Para ella y su familia, su tierra es su principal sustento. Foto: OIM

“Nos dedicamos a nuestra chacra en la que cultivamos mandioca o yuca, maní, choclo y criamos animales de granja como cerdos, gallinas, y un poco de ganado. Así nos mantenemos”, dice Gloria.

Gloria ha sido testigo de cómo la forma de vida local ha cambiado en los últimos años, debido a la pérdida de bosques, la degradación de los ecosistemas y el cambio climático. Amplias áreas silvestres permitían a la comunidad cazar animales para su consumo y recolectar frutos de los bosques. En las abundantes fuentes de agua, como ríos o arroyos, los habitantes locales podían también pescar.

“Veinte a treinta años atrás se veía muy poco a los Mbya en las ciudades, porque había alimentos suficientes. Ahora eso cambió”, lamentó.

Durante décadas, las personas migrantes se han dirigido hacia las ciudades, creando desequilibrios territoriales. La migración hacia las zonas urbanas se produce en gran medida como una estrategia de supervivencia para superar la disminución de los ingresos relacionada con la reducción de la producción agrícola y ganadera, provocada por los cambios en el medioambiente.

La comunidad de Ka'atymi no está sola en esta situación. Según el Plan Nacional de Adaptación al Cambio Climático de Paraguay, las comunidades indígenas afrontan enormes desafíos para adaptarse a los efectos del cambio climático, por contar con menos recursos y menor acceso a tecnologías, y debido a la poca inversión.

Según la entidad nacional de estadísticas de Paraguay, dos tercios de la población indígena del país vive en pobreza y el 34 por ciento está en situación de pobreza extrema. Foto: OIM

Esta disminución en la capacidad de adaptación pone a la comunidad en una posición vulnerable, en la cual, la única opción para muchos es ceder parte de sus propiedades a productores locales de grano que cuentan con la maquinaria moderna adecuada para trabajar la tierra.

A pesar de las dificultades, Gloria sigue perseverando y sueña con que su comunidad progrese.

Junto a su familia y gracias al trabajo e ingenio continuo en su finca ha logrado alcanzar un nivel de vida estable.

“Siento la necesidad de lograr que mis vecinos tengan el mismo nivel de vida que yo”, expresó.

Gloria y su familia cultivan alimentos como tomates, yuca, maíz y maní. Foto: OIM

La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) trabaja con el Instituto Paraguayo del Indígena (INDI) en un proyecto de fortalecimiento de las capacidades gubernamentales para responder y prevenir la migración forzada de comunidades indígenas en el contexto del cambio climático y la degradación ambiental, siguiendo un enfoque holístico interagencial e interinstitucional. Las comunidades participantes son Pindo’i y Ka’atymi de Repatriación (Caaguazú), Santa Teresita de Paso Yobái (Guairá) e Ykua Porá de Abaiva’i (Caazapá). 

SDG 1 - FIN DE LA POBREZA
SDG 10 - REDUCCIÓN DE LAS DESIGUALDADES
SDG 13 - ACCIÓN POR EL CLIMA
SDG 16 - PAZ, JUSTICIA E INSTITUCIONES SÓLIDAS